jueves, 1 de diciembre de 2011

Sensaciones en el champa

Primer dia, llegada a Villa Alpina

El sábado 26 de Noviembre de 2011 salimos a la 4:00 hs de casa en City Bell con rumbo a Córdoba, e intentar llegar a la cumbre del Champaqui, su techo, su lugar más alto.


Llegamos a Villa Alpina a las 14:00 hs., ya la entrada a Villa Alpina es un anticipo de lo que se viene, es un camino de ripio de 13 kms. bastante jodidos, con subidas y bajadas muy pronunciadas.
Iniciábamos el ascenso (y porque no locura) mi esposa Silvia, mis hijos Emilia, Lucas e Ignacio; mis hermanos Santiago, Florencia y Fernando con su hija Manuela. Al prepararnos ya veo que Fernando y Santiago se aparecen con una mochila de 55/75 litros cada uno, ya esto, y sabiendo la poca experiencia de ellos en estos menesteres me preocupó, tal es así, que Lucas tuvo que llevarles la carpa, Emilia y Silvia un termo cada una, estaban llevando más cosas de las que podían llevar, bueno, dale crédito gabriel pensaba, y al final, se la bancaron bastante bien.

Primer dia, inicio del ascenso

Iniciamos la caminata muy bien, al inicio un pinar hermoso, poco viento, mucho perfume, pasamos el primer refugio, luego de muchas subidas, rocas, etc. llegamos al refugio de Moisés López, acá se nos presento la duda de quedarnos en este refugio (podes acampar y te cocinan, que era lo que yo quería), o intentar llegar al puesto de Cufre (2 horas mas, solo podes acampar y no te cocinan) para que al otro dia esté más cerca la cumbre, decidimos ( primero yo no estaba de acuerdo, después me di cuenta que fue una buena decisión) con buen criterio seguir hasta Cufre, después de 1 hora y media de ascenso por piedras, mojones (pilitas de piedras para marcar el sendero), rocas gigantes; no podíamos divisar el puesto de Cufre y nos empezamos a preocupar porque se nos hacia de noche; en este momento Florencia agarró la avanzada del grupo, con muchas ganas de encontrar la casa, después de una lomada, y al fin, pudimos ver la casa retirada de el sendero a unos 200m, ufff que alegría, el sol se estaba perdiendo entre las sierras, nos acercamos y nos salieron al cruce unos perros grandísimos con caras de malos y de pocos amigos, nos quedamos quietos sin mirarlos a los ojos, con un miedo terrible hasta que salió don Cufre rengueando y tomándose la rodilla, con él pudimos arreglar para armar las carpas en su patio, resultaron ser los hermanos Cufre, muy amables, que tienen un campo de 500 ha en las sierras, crían ovejas y vacas. Después de 5 hs de caminata, armamos las carpas y a las 20:30 hs. se hizo de noche. Santiago se hizo unos capeletines que provocaron mucha envidia en mí, nosotros comimos unos sándwiches fríos de milanesa. Alrededor de las 21:30 hs. la familia Zubieta-Esponda estaba totalmente dormida, mientras los otros 4 Zubieta siguieron la charla un poco más.

Segundo dia, la cumbre

Al otro dia , era el dia D, el dia de intentar llegar a la Cumbre, nos levantamos cuando el cansancio nos dejó, alrededor de las 7:30 hs., desayunamos lo que teníamos, tomamos unos mates que por suerte llevo Fernando en su enorme mochila, comimos algunas galletitas dulces con cereales, barritas de cereales, etc.; Don Cufre muy atento y expectante a nuestros pasos nos miraba y nos deseaba suerte con sus palabras y sus gestos, le pagué las 2 carpas por dos días y me dijo que con esa plata se iba a comprar calmantes para la rodilla; bueno, después de prepararnos y alivianar las mochilas, siendo las 8:30 hs. comenzamos la caminata hacia los refugios de la base primero, y la cumbre después. Esta caminata de ascenso nos llevo por colinas, valles extensos, cruzamos varios arroyitos donde cargábamos agua en las botellitas; ya en este trecho, y por primera vez (y no iba a ser la última), perdimos el sendero, pero lo volvimos a recuperar volviendo para atrás, también en un momento lo perdimos a Santiago que después de un arroyo tomo el sendero correcto y todo el resto tomamos el sendero incorrecta, después de unos minutos de gran susto (percibi que Flor se habia angustiado mucho) pudimos encontrarlo. Seguimos caminando por un gran valle verde donde teníamos sierras a todo nuestro alrededor, veíamos un árbol de porte mediano con hojas de verde intenso, también había 3 o 4 cerca de la casa de Cufre, después me enteré que estas eran las famosas Mimbreras, bueno, cerca del final del valle y como telón de fondo ya veíamos el Cerro Negro (2500msnm) y el Champaqui (2790msnm) con sus antenas en la cumbre, pudimos ver con gran alegría del grupo de refugios que están en la base del Champaqui. 
Llegamos al refugio de Sergio González y compramos sándwiches para el almuerzo cerca de la cumbre y para la cena a la noche, después me arrepentí de no haberle pedido a Cufre que nos espere a la noche con algún cordero o chivo al asador (aunque creo que me hubiese dicho que no por el angustiante dolor de rodilla que él tenia). 

Al momento de armar todo e ir hacia la cumbre Manuela y Silvia deciden quedarse, Manuela porque le dolía mucho la rodilla, y Silvia, porque estaba muy cansada, decia que no disfrutaba seguir haciendolo, el resto decidimos seguir con el ascenso. Comenzamos el ascenso a las 10:45 hs. aproximadamente, al rato, empezamos a ver como la cumbre se tapaba con una nube y se descubría con vientos cambiantes, continuamos con la dura caminata, a eso de las 12:00 hs. y a una hora y media de llegar a la cumbre la gente que bajaba nos decía que hacía mucho frío en la cumbre y que había mucho viento, y se esperaba una tormenta para la 13:00 hs., uuuuu pensaba cuando podía, ¿ podremos llegar ? ¿ no será peligroso ? esto nos lo dijeron muchas personas, y para colmo, yo había leído que los guías no te dejan subir a la cumbre si hay mucho viento, entonces mi cabeza funcionaba, como hago para persuadir a Santiago y Fernando de no subir ? y mis hijos ? bueno , pensaba, dejemos la decisión para más adelante, porque adelante tenia una piedra y otra y otra, y una trepada, y otra piedra, y sed, y llegábamos a un arroyo, cargábamos agua, mirábamos para arriba y en lo alto se veían los cóndores volando, la fragancia de los malvones, la menta, la peperina, y todo esto me hacia olvidar por un momento de los temores que me invadieron. 
A esta altura yo iba con Ignacio, ibamos los 2 muy cansados y estuvimos varias veces a punta de abandonar todo y quedarnos en una roca hasta que vuelvan, pero siempre en la conversación aparecia algo que nos daba fuerza; Emilia y Lucas iban muy prendidos adelantes, Emilia con dolor en la rodilla pero con mucha garra y Lucas con mucha decisión. A medida que nos acercábamos a la cumbre aparecían piedras cada vez más grandes, pasábamos por varios miradores y balcones con una vista de todas las sierras y los valles de alrededor, y nos prometimos que el almuerzo iba a ser en uno de estos balcones a la vuelta de la cumbre. Al final llegamos al preámbulo de la cumbre, nos indican que hay que seguir unos círculos amarillos pintados en las piedras, que te indican el recorrido en la cumbre. 


Momentos en la cumbre


Cuando llegamos al busto de San Martín (que esta mirando a la cordillera) confirmé con angustia el fuerte viento y frío que hacia arriba, y como estábamos en el medio de una nube, que no se veía nada que es lo que hay a 4 metros alrededor me invade un fuerte pánico y responsabilidad porque estaba con mis 3 hijos, me condicionaron los comentarios de la tormenta que nos veníamos diciendo en el ascenso, sinceramente me quería sacar la foto de rigor y bajarme de ahí y bajar a mis hijos de ese peldaño que me daba miedo, sentía que se podía levantar una tormenta de viento más fuerte y arrancarnos de ahí, con Florencia y mis hijos nos quedamos sentados esperando que Santiago y Fernando volvieran de la caminata por el resto de la cumbre, me pareció una eternidad lo que tardaron, me angustié mucho y me olvidé de pegar el tipico grito de guerra o de festejar con un abrazo con mis hijos, sentía una mezcla de angustia, alegría y ansiedad por bajarnos de ahí, pero para bajar había que bajar una gran roca sin error y solo me sentía seguro haciéndolo con ayuda de Fernando, por eso lo esperé, lo hicimos, por fin, después ayudé a bajar a mis hijos, bajamos todos, repetía que quería que vayamos juntos y Florencia se enojaba porque decía que tan juntos no, que estábamos apretados, ahora me río, algo de razón tenia, pero lo que no sabia ella era la angustia que tenia yo en ese momento, el dia que sea madre me va a entender, lo único que quería era que bajemos los 7 sanos y salvos para poder contarlo.

Continuamos el descenso, en la bajada tuvimos varios desafíos donde teníamos que bajar de a uno, todos pendientes de cada uno de nosotros, en este momento se vió el buen grupo que eramos, si, con algunos gritos y peleas, si, es cierto, pero buen grupo al fin, porque siempre seguimos unidos, cuidandonos, éramos 7 zubietas bajando en equipo donde nos gritábamos las cosas en la cara, no nos guardábamos nada pero seguíamos ayudándonos.
Pasaron estos momentos de tensión, y como era nuestro anhelo, paramos a almorzar en un balcón los  exquisitos sándwiches de pan casero, mortadela y queso que teniamos, con una vista increíble de todas las sierras.

Después de un rato y presionados para poder llegar a lo de Cufre antes de que anochezca, continuamos con el descenso, vimos un aguilucho posando sobre una muralla natural que pensábamos que había sido construida por alguna civilización antigua. Llegamos a las 17:30 hs. al refugio de González a contarle todo esto a Manuela y a Silvia; que alegría, después de unos mates emprendimos la vuelta a nuestras carpas, llegamos a las 19:00 hs., cenamos temprano; nosotros, la familia Zubieta-Esponda solo teníamos “mas” sándwiches de queso y mortadela; los comimos; Florencia, Fernando, Santiago y Manuela se hicieron unos fideos calentitos con queso, que los envidié mucho (pero mucho) más que los capeletines de la noche anterior, mientras me seguía arrepintiendo de no haber hecho el intento de pedirle a Cufre que nos haga un cordero; sobre todo por mis hijos que me hubiese gustado que esa noche coman algo calentito. 
Entonces, cenamos sándwiches, paté con pan casero, vinito de la cantimplora, galletitas dulces con cereales de postre y a dormir en ese parador verde extenso de los Cufre. 

Me sorprendió de este parador un corral de pirca que había hecho el Viejo Cufre hace 40 años, padre de los 2 hermanos que viven actualmente en esa casa; esta casa está hecha totalmente de piedras de la zona con techo de chapa. El agua la juntan en una minirepresita que esta a 500 metros para arriba, traen el aguan en un caño subterráneo.

Para dormir, en esta segunda noche nos preparamos mejor para no sufrir frio como la noche anterior, pero, en vez de frio, llovió torrencialmente y se levantó un viento que parecía que nos quería arrancar la carpas del piso, al final todo pasó, no entró agua, dormimos calentitos y nos levantamos muy bien, si, con algún dolorcito de cintura, pero nada grave.

Tercer día, el descenso

El lunes 28 de noviembre era el día de bajar a Villa Alpina y retornar a nuestros hogares, pero para esto faltaba bastante que vivir u superar.

Nos levantamos a las 7:00 hs., era en ese momento una mañana celeste, despejada, desarmamos las carpas, armamos las mochilas y distribuimos el peso en ellas lo mejor posible; apenas iniciamos la caminata se levantó un viento suroeste que trajo nubes , es increíblemente sorprendente y no de todos los días ver como una nube llega a vos como si fuera una neblina que se acerca o se aleja, claro, en lo de Cufre estábamos a 1950 msnm, entonces justamente se nublaron todas las sierras que teníamos alrededor y ahí comenzaron los momentos de mas rispideces entres nosotros; teníamos un GPS garmin nuvi 1300 con waypoints pero no teníamos ni los tracks (rutas) con lo cual hasta ese momento nos guiábamos por los mojones (o pircas) pero al estar dentro de una nube muy cerrada nos hacia perder la visión panorámica; después de 2 horas de caminata pudimos llegar casi sin problemas al refugio de Moisés López; al pasar este erramos el camino, no lo podíamos encontrar, habíamos avanzado erróneamente 1 Km. fuera del sendero, me pelé con Santiago, Florencia, Fernando y Silvia, ja, el cansancio, el miedito y el carácter nos estaban jugando una mala jugada, es todo un gran desafío una aventura de estas, Santiago quería avanzar a sierra limpia siguiendo el GPS que solo nos indicaba un waypoint, pero para mi era una locura. Logré convencer, y no de buen forma (lo asumo y tienen razón) a todos de volver a lo de Moisés López para preguntar donde era el camino, o sea, cumplir con un viejo axioma de un aventurero, si te perdés tenes que volver al sendero, alguien va a pasar y nos va a ayudar.

Y fue así nomás, mientras Lucas y yo intentábamos averiguar en una casa cercana donde era el camino; en este momento Emilia casi lloraba del dolor de rodilla, Silvia se enojaba porque queria llevarle la mochila y no podía; al fin, Silvia se encontró con Mario Gómez, un lugareño que de a caballo y llevando un burro de tiro sube y baja cosas por $150 el viaje (si hubiese sabido antes ..), Silvia le pidió a este si nos podia guiar en el camino, esto lo hace y por suerte pudimos retomarlo; el grupo retomó un poco de paz y armonia, al rato nos deja solo porque este hombre tiene que llegar a Villa Alpina con su carga a las 13:00 hs., y nuestro ritmo no le iba a permitir hacerlo, seguimos bajando solos siempre dentro de una neblina/nube intensa, que solo se podía ver a metros, y pasó lo que podía pasar, perdimos nuevamente el sendero, uf !!, otra vez, momento de nervio, volvimos para atrás, al punto anterior que estábamos, al retroceder vemos que teníamos 3 opciones de senderos, no sabíamos si eran 3 senderos que confluían en uno que no encontrábamos, o alguno de los otros 2 era la continuación del que veníamos, pero a esta altura ya ni nos acordábamos por cual sendero veníamos; conclusión nos quedamos quietos en silencio, cansados y esperando una respuesta de no sabemos quien; después de unos minutos, empezamos a escuchar voces, y con grata alegría vimos que eran 2 guías, una experta y un aprendiz con 6 mujeres (http://www.champaquiadventure.com/), obviamente les preguntamos si podíamos seguirlos, y previa gastada y forreada, nos dijeron que si; bajamos con ellos hasta el inicio del pinar, ellos se quedaron 15 minutos pero nosotros seguimos con nuestro objetivo de Villa Alpina. 

Llegamos a nuestros autos a las 14:00 hs. aproximadamente, comimos lo que sobró, y emprendimos el regreso a las 15:00 hs., pasamos por Villa General Belgrano a las 16:00 hs. más o menos, y me dieron unas ganas locas de quedarme a tomar una cerveza hasta el otro día, pero no se podía. 
Llegamos a casa en City Bell a las 24:00 hs.

Conclusiones

Fue una experiencia muy gratificante, te da mucha energía, me cansó físicamente y mentalmente, es una experiencia fuerte que te borra los pensamientos, no te deja pensar, solo te deja sentir, oler y ver. Es justamente la sensación de entregarte a la naturaleza varios días, pensemos que son 2 o 3 días en 365 días o 365 días por muchos años, no es nada, y es linda experiencia para vivirla, para saber que se siente, es dormir en una carpa pero en el piso y no en un colchón, es sentir la lluvia y el viento en la carpa como que casi te toca por centímetros, y no verlo por la ventana, es sentir el aroma de las plantas y flores, es escuchar un arroyo en el medio de la nada, es ver volar un condor, un pájaro, ver las nubes como van y vienen, sentir el viento, ver  las tormentas, si vienen hacia vos o no (zafamos de varias por poquito), etc; estando ahí después de horas parece que te mimetizas con el ambiente, te tornas mas sensible, percibís más intensamente el entorno que te rodea.
Todo esto lo vas sintiendo en conjunto con limites que continuamente te pone tu cabeza, y los vas superando, y tu cabeza se cansa de ponerte límites, y está en vos descubrirlos, desafiarlos y superarlos con responsabilidad.

Como nació esta locura

La idea de esta experiencia nació con Santiago hace unos años; primero habíamos subido con Santiago y Humberto el cerro Ventana, después el cerro Tres Picos, a los años con Santiago, Silvia, Emilia, Lucas, Ignacio subimos el cerro Uritorco, y en ese día, estando en la cumbre hace 8 años aproximadamente, nos prometimos subir el Champaqui, el cerro más alto de la provincia de Córdoba, y lo logramos. Esto lo hice para vivir una experiencia personal, para mostrarles a mis hijos lo lindo que es entregarse a la naturaleza, por lo menos, por un momento; para compartir unos días distintos con Silvia, para cumplir la promesa con Santiago, para compartir una fuerte experiencia con Fernando, Florencia y Manuela; me hubiese encantado que venga Tita y sus niñas, esta vez no pudieron; lo hice por todo esto, pero teniendo 45 años, 1 mes y 20 días puedo decir que no se si volveré a hacer algo tan fuerte; cuando me faltaba una hora para llegar a la cumbre arrancaba de mis pensamientos que esto no lo hacia nunca más, que era una locura, que era un esfuerzo que rozaba lo infrahumano, hoy sigo pensando casi lo mismo, aunque hoy , y a días de haberlo hecho por lo menos me permito dudar de volver a hacer algo así o no.

Para mejorar

Como deuda conmigo, me queda no haber llevado un GPS con track, hacerlo sin esto fue algo imprudente, porque la neblina o nube cerrada es mucho mas jodido de lo que yo me imaginaba, realmente lo subestimé, Santiago me había dado los tracks.
Aunque, como contrapeso a esta falencia, veo positivo que tuvimos la inteligencia y la paciencia suficiente para quedarnos en el sendero hasta encontrar una respuesta a nuestras dudas; y esto no te lo enseña el uso de la tecnología.

El equipo fue lo mejor

Por último, estoy orgulloso de mi hijos que se bancaron todo con alegria, percibí que lo disfrutaron mucho, también estoy orgulloso de Silvia que me acompañó, sé que no le sale espontáneamente,  y se plantó donde sintió que no lo iba a disfrutar más, y obviamente de mis hermanos, que fueron un equipo, que se hacían cargo, que no esperaban soluciones mágicas, también estoy orgulloso de Manuela que a pesar de la rodilla siguió adelante mientras pudo.

Gabriel, City Bell, 1 de Diciembre de.2011.-

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